Javier Álvarez
Teléfono: 613 994 376
Nivel: Dai Shihan — Gran maestría
Maestro desde: 06/09/2010
Hubo un momento de mi vida en el que, aunque desde fuera todo parecía ir bien, por dentro sentía un vacío muy difícil de explicar.
Tenía una empresa, trabajaba muchísimo y económicamente las cosas funcionaban, pero sentía que algo dentro de mí no estaba en equilibrio. Vivía acelerado, desconectado y con la sensación constante de que faltaba algo importante que no sabía ni cómo nombrar.
Fue entonces cuando una persona muy importante para mí, alguien a quien siempre he considerado “mi hombre sabio”, me invitó un día a recibir una sesión de Reiki.
Fui sin expectativas. Sin creer especialmente en nada. Simplemente fui.
Y después de aquella sesión ocurrió algo que todavía hoy me cuesta explicar con palabras.
No sé exactamente qué cambió, ni cómo ocurrió, pero empecé a ver la vida de otra manera. Empecé a tomarme las cosas con más calma. A escucharme más. A sentir algo diferente dentro de mí.
Aquello despertó una pregunta que me acompañó durante mucho tiempo:
¿Cómo podía alguien, prácticamente sin tocarme, provocar un cambio tan profundo dentro de mí?
Y así comenzó mi búsqueda.
Empecé mi formación en Reiki realizando el primer nivel, después el segundo y más tarde el tercero. Pero lejos de sentir que ya había terminado, sentía que todavía no había comprendido realmente lo que estaba buscando.
De hecho, volví a repetir niveles completos otra vez. Primer nivel. Segundo. Tercero. Necesitaba entenderlo de verdad, vivirlo desde dentro y no simplemente acumular cursos o diplomas.
Con el tiempo realicé distintas maestrías y formaciones dentro del Reiki, invirtiendo durante años una enorme cantidad de tiempo, dinero y esfuerzo personal. No lo hice por prestigio ni por convertirlo en una profesión. Lo hice porque necesitaba comprender qué había detrás de todo aquello que había cambiado mi vida de una forma tan profunda.
Durante esa búsqueda también descubrí algo importante.
Muchas veces el Reiki que se enseñaba estaba mezclado con elementos que yo sentía que no pertenecían realmente a su origen: rituales excesivos, adornos espirituales, símbolos añadidos, piedras, arcángeles y muchas otras cosas que, aunque respeto profundamente, sentía que me alejaban de la sencillez que intuitivamente yo percibía en el Reiki tradicional japonés.
Y fue durante la pandemia, en pleno confinamiento, cuando algo volvió a cambiar mi camino.
A través de un webinar con una compañera argentina escuché por primera vez hablar del Reiki tradicional japonés desde una perspectiva completamente diferente. Recuerdo perfectamente aquella sensación interna de pensar:
“Ahora sí… esto sí encaja conmigo.”
Aquella sencillez. Aquella profundidad. Aquella ausencia de adornos. Aquella forma tan humana y práctica de entender el Reiki.
Ahí comenzó una nueva búsqueda todavía más profunda, que terminó llevándome hacia la línea tradicional formada por Mikao Usui Sensei, Chujiro Hayashi Sensei, Chiyoko Yamaguchi y Frank Arjava Petter.
Para mí el linaje nunca ha sido una cuestión de ego ni de jerarquías. Nunca me ha interesado coleccionar títulos para aparentar más que nadie.
La importancia del linaje tiene que ver con preservar la esencia de algo para que no termine perdiéndose con el tiempo.
He visto durante años cómo el Reiki se iba transformando, mezclando y adaptando hasta convertirse muchas veces en algo muy diferente a aquello que nació originalmente en Japón.
Y precisamente por eso, cuanto más aprendía, más comprendía que el Reiki verdadero es extraordinariamente simple.
Tan simple que a veces incluso decepciona.
Porque el Reiki tradicional no busca impresionar a nadie. No busca hacerte sentir especial. No necesita grandes espectáculos ni personajes espirituales.
Consiste, simplemente, en presencia, conexión, práctica y experiencia humana.
Poner las manos.
Estar presente.
Y permitir que algo ocurra.
Después de todos estos años, esa sigue siendo la forma en la que entiendo y transmito el Reiki.
Desde la cercanía.
Desde la experiencia real.
Desde la sencillez.
Y desde una búsqueda personal que todavía hoy continúa.